
Los días de agobio y desesperación pasaron, días reclutados en la biblioteca con la esperanza de encontrar mayor concentración para acabar lo que se habia empezado diez meses atrás. Ahora, ya verano, la lluvia castiga a veces la libertad que ofrecia la estación. La lluvia y, a veces, la apatía y la rendición.
Mientras que Rebecca escribe desde su blog sus días entre las paredes de su casa, yo intento que alguna tarde de verano la pasemos paseando entre las calles de este pueblo fantasma en el que vivimos y al que solo nosotras le damos vida.
Si quereís conocer los relatos de una artista, pasaros.





